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reflexionar

“Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. (Mateo 8:8·9).

Es impresionante la manera como el Señor Jesús habla de la sensatez de este centurión; pues tenía muy en claro el principio de la obediencia. Recuerde que a quien se le dificulta obedecer, le será difícil dirigir. Era como si el Señor hubiese estado buscando una persona de este calibre, para poder enseñar a sus discípulos. Razón por la cual les dice: “De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe”. (Mateo 8:10).

Este hombre entendió que el principio fundamental de un buen soldado es la obediencia, había hecho del obedecer y el dar ordenes un estilo de vida. Este militar reconoció que el poder de su autoridad, se debía a que él mismo estaba bajo autoridad. También reconoció en Jesús la autoridad Divina y que por lo tanto Él tenía ángeles que estaban a su servicio, que solo era suficiente una orden dada por el Señor y sus ejércitos angelicales la ejecutarían.

Al inicio de mi ministerio le tenía que dar a mi pastor un reporte de lo que había hecho durante la semana. Y siempre mi pasión ha sido evangelizar y todos los días predicaba en las calles, en los parques, y en algunas ocasiones se registraban conversiones de hasta doscientas personas. Pero como no tenía claro la importancia de la consolidación, no tomaba datos de aquellas personas y por ende no había un seguimiento.

Cuando le entregué emocionado mi reporte al pastor, este hombre de Dios frunció el ceño, me miró a los ojos y me dijo: “y ¿Dónde están esas personas?” Le dije: “No sé Jesús se encargara de ellas”. En ese instante aquel hombre me dijo con voz de autoridad: “No me importa cuantas personas ganas por fuera, me importa son los que tu ganas para la iglesia”. Esto para mi fue como un baldado de agua fría, no me gusto esa reunión, salí de ahí con una fuerte batalla en mi mente. Pensé hasta en irme de la iglesia, que debería buscar otro lugar donde si valoraran lo que hacía. Pero de pronto oigo otra voz, y esa era la voz del Señor que me dice: “Hijo no te aflijas, este es el pastor que tu necesitas, porque si no puedes obedecer a tu pastor, tampoco podrás ser autoridad”. Aquel día me arrepentí y me determiné hacer lo que mi pastor indicaba.

El Señor dijo: “Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos”. (Mateo 8:11). Jesús tomó el ejemplo de Abraham, quien llegó a ser reconocido como el padre de la fe, y sabemos que logró llegar a esa posición a causa de su obediencia.

Es interesante ver que tanto Isaac y Jacob fueron obedientes a la dirección de su padre. Isaac aceptó la mujer que Eliazar siervo de Abraham había escogido para él y desde el primer momento que la vio, la amó. Jacob obedeció a sus padres, se fue a vivir donde su tío y allí Dios lo bendijo con una gran familia y muchos bienes.

Creo que aquellos que tienen un corazón obediente, serán los que tendrán la autoridad para quebrantar las fuerzas de maldad que operan en los aires.

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La estrategia del adversario es hacer que las personas perciban el pecado como algo leve, sin mayor trascendencia. Así trata de confundirlos emocional y afectivamente para enredarlos en relaciones tormentosas, para llevarlos a transitar sendas de amargura y frustración. Sabe que si logra controlar y doblegar a una pareja, ellos quedarán desprotegidos.

El principal deseo del adversario es dividir los matrimonios, confundir los hogares y destruir las familias para ejercer control sobre sus miembros.

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DÍA 11 · LA FUERZA DE LA OBEDIENCIA

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