15 DE JUNIO · DI LA PALABRA

“Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano”. (Lucas7:6-7).

En su angustia por la enfermedad de su siervo; acude a los ancianos de Israel para que intercedan por él. Es interesante ver la manera como los ancianos diligentemente acuden a Jesús y le dicen: “Es digno que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga” (Lucas. 7:4). Cada uno de estos antecedentes era un argumento a su favor. Así como los ancianos de Israel encontraron argumentos a favor de este centurión; por la sinagoga que había construido para ellos; que los hizo intercesores ante Jesús. También Jesús busca argumentos ante el Padre para interceder por cada uno de nosotros. El apóstol Pablo escribió: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6el cual se dio a sí mismo en rescate por todos”. (1 Timoteo 2:5).

Luego el mismo centurión sorprendió al Señor cuando le envía una razón diciéndole: “…Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti…” (Lucas 7:6-7). El centurión tuvo una actitud humilde. Tuvo discernimiento espiritual y pudo reconocer la autoridad espiritual de Jesús. Sabía que era Rey en los cielos, y por ese motivo no se sintió digno de tenerlo en su humilde casa, pues sentía que no era adecuado recibir a alguien de tan alto rango en su hogar y luego el Señor queda mas sorprendido cuando escucha la otra parte del mensaje: “Señor… dí la palabra, y mi siervo será sano” (Lucas 7:7). este hombre entendía que no era necesario que Jesús se hiciera presente físicamente en su casa. Comprendía el poder de la palabra que salía de labios de Jesús y el efecto que ésta causaría. Sabía que, si el Señor enviaba Su Palabra, el ejército del cielo se movería a su favor. Por su vida militar, el centurión tenía soldados a su cargo que, cada vez que daba una orden, obedecían inmediatamente.

Él mismo estaba bajo autoridad y, al recibir una orden, la cumplía. Sólo podemos obedecer la Palabra cuando tenemos en claro los principios de autoridad. Una persona que no sabe someterse a la autoridad, jamás podrá ejercer autoridad. El centurión sabía que esa misma autoridad se ejercía en el mundo espiritual. Cuando se da una orden en la tierra, esa palabra activa la esfera espiritual en los cielos, esto hace que los milagros sucedan. Cuando alguien dice: “Señor, creo en la Palabra que Tú me has dado”, cosas extraordinarias acontecen por causa de esa palabra.

El Señor dijo: “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:11). Cuando una palabra es emitida por la boca de Dios, no regresará sin cumplir su propósito.