17 DE JULIO · UNA DETERMINACIÓN DE AMOR

Jesús sabía que venía a este mundo a cumplir una de las misiones más delicadas: La redención de la humanidad. Él era consciente de que si no la llevaba a cabo, no habría una segunda oportunidad de salvación para Su pueblo. La Cruz del Calvario, era el único sacrificio viable para exonerarnos del pecado.

La vida de Jesucristo difiere de cualquier otro ser famoso de este mundo en que:

1. Siendo Dios, se hizo hombre. “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:5-8).

2. Siendo rico, se hizo pobre. “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9).

3. Siendo Santo, se hizo maldición. “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).

4. Siendo justo, se hizo pecado. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

5. Siendo sano, llevó nuestras enfermedades y dolores. “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4-5).

6. Siendo recto, murió con los impíos. “Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca” (Isaías 53:9).

7. Siendo perfecto, tomo el lugar de los pecadores. “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada” (Isaías 53:10).

¿Qué espera el Señor de cada uno de nosotros? Que le rindamos la totalidad de nuestras vidas a él y que nos dispongamos a engrandecer su obra.