30 DE MAYO · DEPENDIENDO DEL ESPÍRITU SANTO

El más grande privilegio que alguien pueda tener, es conocer a Jesús como su Salvador y tener al Espíritu Santo como nuestro guía. El Señor Jesús al respecto dijo: que si lo amábamos deberíamos obedecer sus mandamiento, y este seria el argumento para que el consolador viniera a nosotros.

Jesús, refiriéndose al Espíritu Santo, lo presentó a Sus discípulos como “el Consolador” –en griego, “el paracleto”– es decir, alguien que está a nuestro lado para ayudarnos.

Al finalizar Su ministerio terrenal, el Señor Jesús no quiso dejar solos a Sus discípulos y por eso los reunió y les dijo: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque sí no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas sí me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7).

El Espíritu Santo conocido como la tercera Persona de la trinidad. Cuando alguien peca, el Espíritu Santo se entristece; cuando alguien obedece, el Espíritu Santo se alegra; cuando alguien está en pruebas, el Espíritu Santo se compadece, porque la Biblia dice que, en todas las aflicciones de ellos, Él también se afligió.

Y una de las características del Espíritu Santo, es que glorifica a Jesús. Como lo expresó el Señor: “El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío, por eso dije tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:14-15).

También conoce lo más íntimo de Dios. “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido”. (2 Corintios 2:12). Así como el espíritu del hombre conoce las cosas profundas y escondidas del hombre, del mismo modo el Espíritu Santo conoce lo íntimo, lo profundo y lo secreto del corazón de Dios.

El Espíritu Santo posee la plenitud de Dios. El profeta Isaías dijo: Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová” (Isaías 11:2). El Espíritu de Dios siempre trabaja en equipo.  Ahí está la plenitud del Espíritu de Dios, quien es la plenitud de Jehová.
El Espíritu Santo nos hace nacer de nuevo.
El Espíritu Santo es nuestro guía.

Al irse, Jesús prometió enviar al Espíritu Santo para guiarnos, con el fin de que no nos apartemos de la senda correcta. “Cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyeré, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:13).