1 DE NOVIEMBRE · DEPENDIENDO DE DIOS

Existe una especie de águilas tan atrevidas que atacan a las focas. Clavan repentinamente sus garras en la carne de la foca, y con la fuerza de sus alas la arrastran hasta la orilla, procurando llevársela a su nido. Pero la gran mayoría de veces no obtienen éxito, pues la foca es demasiado pesada para el águila, y no pudiendo soltar ésta a su presa cuando está un poco elevada, a causa de la curvatura de sus garras, la foca es la que arrastra al águila, que se ve obligada a entrar en las aguas y se ahoga. Así mismo con cuánta frecuencia, nuestra autoestima nos ha llevado a realizar acciones que están fuera de nuestra línea de cordura, cuántas veces pensamos que en nuestras fuerzas podemos dominar ciertas situaciones, pero al final nos vemos vencidos por ellas. No te desvíes de tu objetivo escucha la voz de Dios siempre.

Al crearnos, Dios nos dio un nivel de cordura perfecto que nos ayuda a mantener el equilibrio en todo lo que hacemos. Estar por encima de ese nivel, es caer en el orgullo, permanecer debajo del nivel de cordura es dar lugar a un sentimiento de inferioridad. Pablo dice: “…que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3). La medida que debe tener cada uno está dada por Jesús. Él dijo: “…aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29).

Al fallar en mantener ese equilibrio, nos desviamos del objetivo; y aquel que tiene una misión dada por Dios, simplemente no podrá cumplirla. Si acepta el espíritu de inferioridad, no llegará a la medida correcta y obedecerá solo en parte la voz de Dios. Si tiene un espíritu de superioridad, quebrantará Su Palabra, pues todo lo que haga será fuera de orden. Dios busca hombres y mujeres equilibrados. A la persona que no vive en este equilibrio le faltará carácter y se dejará influenciar por las circunstancias, tal como Saúl, que creía obrar lo correcto a pesar de estar desobedeciendo.

El apóstol Pablo declaró en Efesios 6.10: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza”. Su mente es una riqueza, un tesoro, no permita que el enemigo la bombardee con pensamientos destructivos, negativos o de inferioridad; son éstos los que debilitan el hombre interior y no le permiten avanzar. Que hoy Dios sea la fuente de su fortaleza y confianza; que toda su fe esté puesta en Él. Aparte un tiempo de intimidad con el Señor y sentirá cómo su alma se restaura, su espíritu se fortalece y su visión se aclara. Él lo ha llamado para conquistar grandes victorias.