26 DE JUNIO · DANDO VIDA A AQUELLO QUE ESTABA MUERTO

El Señor llevó al profeta Ezequiel a un valle extenso lleno de huesos secos, dispersos sobre la faz del campo, y le preguntó: “…Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?” El mismo Señor le estaba mostrando al profeta la condición espiritual del pueblo de Israel; al mismo tiempo, le mostró cómo hacer para que recobraran vida a pesar de la sequedad espiritual que los dominaba.

Dios indicó al profeta que la respuesta al problema de la nación estaba en los labios del profeta y que su responsabilidad era la de profetizar, para que ellos despertaran a la vida espiritual. Ezequiel profetizó por la unidad de cada hueso para que buscara su coyuntura; empezó a ver como uno a uno volaba hasta encontrar el lugar donde encajar.

Huesos cortos y largos, planos e irregulares se dirigían hacia su sitio buscando articularse, y sucedió hasta que el profeta vio que tenían la forma de los esqueletos humanos dispersos en el campo. El Señor le dijo que profetizara sobre los tendones, después sobre la carne, y así lo relató: “Profeticé, pues, como me fue mandado… Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu” (Ezequiel 37:7a-8). Profetizó tendones y se entrecruzaron en los tobillos, las rodillas, los miembros superiores, en fin, en todo el cuerpo. Profetizó la carne y vino la carne; profetizó la piel recubriéndola y así ocurrió, hasta quedar completos los cuerpos.

Dios le dijo entonces: “Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán” (Ezequiel 37:9). Profetizó que el Espíritu soplara vida sobre los cuerpos; vino luego un terremoto, se pararon y estuvieron en pie como un ejército incontable.

Este pasaje enseña una verdad trascendental. El milagro que usted anhela recibir debe profetizarse y verse primero en el plano espiritual; luego, a través de la fe, la confesión y la proclamación de la promesa, se trae al plano natural, es decir, al mundo de los sentidos.

Debemos entender que Dios están tan cerca de nosotros como el aire que respiramos, si nos humillamos ante él y rendimos nuestra voluntad a su Señorío; él transformara nuestras circunstancias de una manera positiva y las revelara a nuestro espíritu y de esta manera podemos confesar que el milagro ya esta hecho.