MARZO 4 · CUMPLIENDO MI MISIÓN

Pablo, al convertirse al evangelio experimentó un proceso de transformación, por tener un corazón cerrado al cristianismo, el Señor tuvo que revelársele mientras éste se dirigía a Damasco con la determinación de poner tras las rejas a todos aquellos que hubiesen abrazado la fe del Mesías. El mismo Dios se le apareció en el camino y, por causa de Su resplandor, Saulo (su nombre original) cayó al piso. A continuación, oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4b). En ese momento, recibió la revelación de Jesús como Señor, y decidió someterse a todo aquello que Dios tuviese preparado para él. El Señor le ordenó que se quedase durante tres días en un determinado lugar, tiempo después del cual el profeta Ananías oraría por él, para que recibiera la vista que había perdido a causa del gran resplandor que lo detuvo en el camino. Después de este suceso, Saulo comenzó a predicar el Evangelio con todas sus fuerzas (Hechos 26:1-18). Todo esto había ocurrido en tan solo tres días. Pablo sabía que, si Dios lo había podido transformar a él en tan corto tiempo, también lo haría con cualquiera que estuviese dispuesto a creer en Él y a abrirle su corazón; por lo cual se esforzó más que cualquier otro por llevar la palabra de Cristo, él sabía que la salvación de las personas dependería de su predicación, por lo cual, puso todo su esmero por llevar a cabo con éxito su misión. Esa debe ser también hoy nuestra misión, hablarles a todos del Salvador.