ENERO 26 · CUMPLIENDO EL PROPÓSITO DE DIOS

En el sexto derramamiento Jesús derramó la Sangre que brotó de Sus pies cuando los soldados los clavaron a la Cruz para que podamos estar en el propósito perfecto y para que venga el juicio divino sobre los espíritus incorrectos que operan en las naciones. 

En los tiempos antiguos solamente se usaba un clavo para asegurar los pies de las personas que eran crucificadas. Este clavo usualmente era de mayor longitud que el que usaban en las manos, pues debía atravesar ambos pies desde el centro hasta sobrepasar todo el talón. 

Estando allí colgado, Jesús tenía que apoyarse sobre este clavo y empinarse para tomar aire, ya que Su pecho estaba extremadamente comprimido. Cuando lo hacía, toda la presión y todo Su peso recaían sobre Sus tendones; el dolor que esto le provocaba cada vez que inhalaba era indescriptible. 

“Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos” (Proverbios 4:26). 

Los pies están muy ligados a nuestro propósito, pues son los que nos llevan por camino correcto o por el camino incorrecto. Cada paso que damos en la vida nos acerca más al propósito perfecto de Dios o nos aleja de él. ¡Por eso es muy importante que nuestros pies estén andando en la dirección correcta! 

Quiero que recuerde para siempre que Dios lo escogió para que usted predicara las buenas noticias del evangelio de Jesucristo. Usted es parte del plan de redención para toda la humanidad. Y la manera correcta de ubicarse en ese propósito perfecto, y desarrollarlo, es aplicando la Sangre que brotó de los pies de Jesús cuando fueron clavados al madero.