6 DE JUNIO · CUIDANDO MI MANERA DE PENSAR

Uno de los enemigos más destructivos con el cual deberían enfrentarse los hijos de Dios, fue con el espíritu de Amalec. Éste actúa de diferentes formas, pero siempre lo hace buscando el mismo objetivo: robarle al pueblo de Dios todo lo conquistado y que éste no se levante a la conquista. El Señor dijo que habría guerra con Amalec de generación en generación. Hay dos elementos de Amalec que siempre están presentes en el momento de emprender una conquista: El desánimo y el pesimismo. Por eso debemos quebrantarlo no sólo de nuestra vida sino de nuestras generaciones.

Amalec era hijo de Esaú. Entre Jacob y Esaú se levantó un gran resentimiento desde el momento en que Jacob lo suplantó para quedarse con la primogenitura. “Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob” (Génesis 27:41).

Amalec representa un espíritu de negativismo que opera sembrando pensamientos contradictorios, pesimistas y desalentadores.

Amalec se manifiesta:
En negativismo, para robar el espíritu de la conquista.
En murmuración e inconformismo hacia la autoridad.
En amargura y queja.
En temor.
En palabras maldicientes.
En adivinación y encantamiento.
En suicidio, etc.

“Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos” (1 Samuel 15:3). En otras palabras, este versículo nos enseña que debemos destruir todo aquello que fue afectado por el negativismo, nada de esto debe quedar en su vida, debe arrancarlo por completo de su corazón.

Saúl representa a ese líder que recibe la Palabra de Dios, la entiende, pero luego pone sus propios argumentos y la obedece a su manera. Cuando Dios da una palabra, es muy claro y específico respecto a como quiere que la ejecutemos. Sabemos que Saúl no obedeció lo que Dios le había ordenado. “Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada” (1 Samuel 15:8). Saúl tuvo compasión de Agag, perdonando nada menos que al rey de Amalec.

Apreciado amigo, no cometa el mismo error del rey Saul que se deshace de algunos pecados, pero consiente el principal de ellos. Póngase en este momento firme contra toda fuerza adversa y revistase del poder de Dios, para arrancar todo estorbo de su vida. Tenga un genuino arrepentimiento y vuélvase a Dios con todo su corazón y el soplara Espíritu de vida en su corazón.