9 DE SEPTIEMBRE · CUIDANDO EL FRUTO

¿Sería que Jesús estaba preocupado por los peces y los panes que habían sobrado? No; el Señor estaba hablando en modo figurativo, esto es, tomando una circunstancia cotidiana para enseñarles verdades eternas. Uso el momento que estaban viviendo para enseñarles acerca de la gran responsabilidad que Dios estaba depositando sobre sus hombros; muchas almas vendrían a que ellos las pastorearan y debían ser diligentes en su labor para que ninguno que el Padre les confiara, se pierda.

En la oración que Jesús le dirige al Padre en el ocaso de Su ministerio dice: “Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guarde, y ninguno de ellos se perdió sino el hijo de perdición para que la Escritura se cumpliese” (Juan 17:12). Los discípulos son como hijos; ningún padre estaría tranquilo y satisfecho al ver que uno de sus hijos se descarrió y se apartó de los caminos del Señor. Hace varios años atrás en nuestro ministerio, por causa de la estreches del lugar, aunque ganábamos muchas personas para Jesús también perdíamos muchas de ellas. Yo lo veía como algo normal.

En una ocasión me encontré con tres familias diferentes en el mismo día, todos me saludaron con cariño y con mucho respeto, y me decían, pastor nosotros empezamos en su iglesia, pero como ahora va tanta gente, preferimos congregarnos en otra iglesia mas pequeñita; otros se habían ubicado en una iglesia cerca de la casa de ellos, y a los otros un pastor de otra iglesia los estaba visitando. Después de que nos despedimos de ellos, me dije: bueno gracias a Dios ninguno de ellos se ha apartado del Señor, y qué bendición que estén en estas iglesias. Pero luego oigo otra voz, que sabía que era la del Señor, diciéndome: “Hijo estás equivocado; estas personas las ubique en tu congregación porque confío en ti, confío en la manera como las vas a formar hasta convertirlas en líderes que continúan haciendo mi obra. Si yo hubiese querido que fueran formados en otras iglesias, simplemente las habría mandado allá, más las traje a ti, para que tú las cuides y respondas por ellas.

Después de esa palabra tuve que arrepentirme y pedirle al Señor dirección para que esto no se volviera a repetir; comenzamos a esforzarnos para cuidar cada una de las almas que el Padre nos confiaba a través de las células, que son reuniones pequeñas en las casas. El gran desafío de hoy es que cada pastor y líder que el Señor ha puesto en nuestro ministerio, entienda este principio y cuide muy bien el fruto que Dios le confía. Esto me ayudo a ser mucho mas diligente en la manera como protegemos a las personas nuevas que Dios nos esta dando para que nada se pierda y que también ellos luego puedan convertirse en instrumentos poderosos en las manos de Dios.