21 DE AGOSTO · CUIDANDO EL ENFOQUE

Algunas personas tienen la habilidad de hacer varias cosas al mismo tiempo, pero en general, al ser humano le es muy fácil distraerse. El término enfoque implica el dedicarse a una sola cosa. Pablo lo enseñó diciendo: “… una sola cosa hago…”

Los domadores de felinos acostumbran a usar una silla apuntando con las cuatro patas a la cara del animal. Como los felinos acostumbran a enfocarse en un solo objetivo, el ver cuatro a la vez los neutraliza y se vuelven mansos porque no saben cómo atacar. En el ministerio suele suceder lo mismo muchas veces; el líder intenta hacer muchas cosas al mismo tiempo y esto lo neutraliza, lo bloquea y le quita la fuerza de conquista.

Si las personas trabajan con un equipo de doce, deben enfocarse en la solidez de su equipo. Esto es una regla de oro. Miremos el ejemplo de Jesús quien durante tres años y medio se enfocó en formar a Sus discípulos, usando cada situación para darles una enseñanza. Es por esto que continuamente lo vemos ministrándoles: les ministró acerca de la ofrenda, del carácter, del orgullo, les ministró acerca de la fe, la fructificación y el discipulado.

Continuamente les enseño cuando discutían cuál de los doce sería el más grande, Jesús les pregunta sobre lo que discutían en el camino y no sabían qué responderle. Él toma un niño y lo pone delante de ellos, y les dice que aquel que quisiera ser el más grande, tenía que ser como ese niño (Lucas 9:46-48). Les enseñó la manera correcta de ofrendar, pues la ofrenda que agrada a Dios es la que se da con esfuerzo (Lucas 21:1-4). Los instruyó a poner por encima los valores del reino antes que la parte afectiva (Lucas 14:25-28). Les habló acerca de la importancia del servicio y de mantener el corazón humilde (Juan 13:14-17).

Salía con ellos en Su recorrido para estar esos momentos a solas con ellos, y de esta manera poder edificarlos. Aunque Él era asediado por las multitudes, no permitió que nada lo desenfocara del trabajo con el equipo, sabía que ellos lo representarían cuando ya no estuviera en este mundo. Por tal motivo, le presenta al Padre un buen balance de lo que había hecho con Su equipo, incluyendo en el reporte al que se había rebelado por haberle abierto la puerta al adversario, quien al traicionarlo se convirtió en el hijo de perdición en cumplimiento de lo que estaba escrito.

Jesús nunca vio el trabajo con los doce como una carga o una tarea pesada, por el contrario, disfrutaba cada momento que podía compartir con ellos. Sus discípulos lo amaron porque veían la sinceridad y la dedicación de Jesús, eran el centro de su atención; a las demás personas Él les hablaba en parábolas mas a ellos les revelaba todas las cosas. Fue tal la impartición de vida que el Señor les trasmitió, que luego la gente veía en ellos los mismos rasgos del Maestro (Marcos 14:70).