14 DE FEBRERO · CUAL ES TU RUMBO

Un hombre conducía su auto por una solitaria carretera cuando de pronto quedó estático. El hombre bajó, revisó el auto, trató de mirar qué tenía. Pensaba que pronto podría mirar el daño, pues hacía muchos años que lo conducía. Pasaron horas y no hallaba la falla del motor.

De pronto apareció otro automóvil, del cual bajó un señor a ofrecerle ayuda. El hombre varado le dijo: “Mira, este es mi auto de toda la vida, lo conozco como la palma de mi mano. No creo que tú, sin ser el dueño, puedas o sepas hacer algo”. El otro hombre insistió con una sonrisa, hasta que finalmente el primer hombre dijo: “Está bien, haz el intento”.

Él se puso manos a la obra y en pocos minutos encontró el daño que tenía el auto y lo pudo arrancar. El dueño del carro quedó sorprendido y preguntó: “¿Cómo pudiste arreglar el fallo si es mi auto?” El segundo hombre contestó: “Verás, mi nombre es Felix Wankel. Yo inventé el motor que usa tu auto”.

Muchas veces queremos solucionarlo todo por nuestra cuenta, creemos que porque es nuestra familia, nuestra casa, nuestra deuda, nuestro trabajo, nuestros corazones, podremos reparar y solucionar todos los problemas. Olvidamos que es Dios quien nos creó, que fue Él quien nos dio las bendiciones que tenemos y creemos que nosotros podemos hacer un mejor trabajo que Él.

Es tiempo de volvernos a Dios con un corazón arrepentido y entregarnos totalmente Él.