20 DE NOVIEMBRE · CREYENDO EN LO IMPOSIBLE

Dios no quiere que pensemos de Él como un ser extraño, pues disfruta cuando puede relacionarse con sus hijos. Él enfatiza la bendición que viene sobre aquellos que escuchan. Quienes lo hacen, son llevados a velar y perseverar diligentemente por el cumplimiento de cada una de sus promesas. Descubrir el poder de la Palabra es descubrir la vida, y alcanzar todos los beneficios que emanan de la misericordia divina. Cuando recibimos la Palabra, tenemos completa seguridad de lo que Dios nos dice que hagamos, y nos apropiamos de sus promesas con el corazón bien abierto, sabiendo que cumplirá lo que nos ha prometido. Cuando yo le hago una promesa a una de mis hijas, lo dan por hecho: “Mi papá me lo prometió y él lo hace”.

De igual manera sucede cuando recibimos la Palabra de Dios en nuestro corazón, ninguna de esas palabras caerá en tierra sin dar fruto. Al recibir con fe su Palabra, permitimos que el milagro se materialice. Abraham llegó a convertirse en el padre de la fe, por causa de su confianza y certeza en la promesa. La promesa se convirtió en el mayor anhelo de su vida. Sé que el poner en práctica cada una de estas verdades que he compartido en este libro, la multiplicación y crecimiento que ha anhelado, llegará a su vida y ministerio.

Entrar en la dimensión de la fe, es entrar en el corazón mismo de Dios y mover Su mano para poder extraer Sus más grandes bendiciones y hacerlas realidad en nuestra vida. La fe viene como resultado de estar diariamente en la presencia de Dios, pues en Su lugar secreto, Él nos da claridad de las Escrituras, como también, dirección a nuestra vida. De este modo, usted va a saber qué es lo que quiere y anhela, pues usted debe tener formulada una meta concreta y todas nuestras oraciones deben ser específicas. La mujer del relato de Marcos 5, en un acto osado de fe, dijo: “Si tan sólo tocare el borde de su manto, seré sana”.

Cuando uno ha logrado creer, ha logrado visualizar y ha confesado la Palabra, tiene que comenzar a moverse en fe y ya no mirar los obstáculos y las adversidades que pueda encontrar en el camino. Aquella mujer sabía que llegar a Jesús era prácticamente un imposible, pero había seguido los pasos correctos. Ahora, su visión la había llevado a moverse y a quitar todos los obstáculos que había delante de ella, logrando así llegar hasta donde estaba Jesús. La culminación de todo, en realidad dependía de su acción. Si ella hubiese esperado hasta que Jesús se detuviera y regresara hasta el lugar donde ella se encontraba, posiblemente nunca habría experimentado el milagro de sanidad en su cuerpo.