11 DE NOVIEMBRE · CRECIENDO EN LA MEDIDA DE FE

Es imposible que alguien en este mundo pueda conquistar lo espiritual sin la fe. Cuando nacemos a la vida cristiana, concebimos la fe y éste es el lenguaje para comunicarnos con Dios. Si hablamos con Él y no tenemos fe, le estamos hablando en otro idioma que no es el suyo, por lo cual Él no podrá entendernos, por lo tanto, cualquier oración que le elevemos debe ser con fe.

Del mismo modo, todo lo que realicemos debe ser hecho con esta misma fe; el casarnos, el convivir con nuestro cónyuge, el hacer que el matrimonio perdure, el educar a los hijos, todo ello solo se hace con fe. Usted, líder cristiano, necesita la fe en todas las áreas de su vida, y no se puede dar el lujo de perderla. Si alguien pierde la fe, lo pierde todo; y si ese es su caso, debe luchar por recuperarla. “Porque sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). “Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve” (Hebreos 11:1-3 NVI).

En lo natural, cuando una mujer queda embarazada, aunque en los primeros meses ella no ve el desarrollo de su bebé, de todas maneras puede sentir cómo esa vida se va formando en su interior. Del mismo modo, cuando usted anhela algo sobrenatural, debe concebirlo primeramente en el mundo espiritual (a partir del momento que reciba el rhema de Dios). Pero a veces, aunque tenemos la certeza interior, se presentan pensamientos negativos que nos impiden concebir el milagro. Los argumentos son pensamientos o palabras que hemos aceptado de parte del enemigo.

El apóstol Pablo enseña que “por la fe entendemos”. Usted tiene que entender que si los argumentos no se cancelan, la bendición no llega. En esos casos, usted debe orar y cancelar primeramente esos argumentos, y mediante la fe, concebir lo que anhela, porque si hay argumentos en contra de aquello por lo cual pide, Dios no puede bendecirle. Uno de los hombres más grandes de la historia fue Moisés. Dios tenía un propósito claramente definido para desarrollar a través suyo. Esto implicaba, trabajar arduamente en su carácter a fin de que estuviese listo para llevar a cabo la misión que más tarde le confiaría. Pero el temperamento de Moisés era demasiado fuerte, tanto que en una ocasión llegó a matar a un egipcio que maltrataba a un judío; cuando esto se supo, Moisés tuvo que huir al desierto.

El desierto simboliza adversidad, escasez y soledad, y fue precisamente en ese lugar donde Dios formó el carácter de este líder. Las pruebas ayudaron a que Moisés entendiera el propósito de Dios para su vida, y así su carácter fue moldeado por el Señor. Le invito a que hoy se levante en fe y crea que el Señor le dará completa victoria.