MARZO 22 · CRECIENDO EN LA FE

Es importante entender que toda la Biblia fue inspirada en la fe. Gracias a la fe de hombres sencillos pero a la vez santos, tenemos tan precioso libro a nuestro alcance. Los santos hombres de Dios la escribieron creyendo que generaciones postreras recibirían Su mensaje. Ellos lo hicieron con fe. Toda la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, nos habla de portentos sobrenaturales. Si quitáramos la palabra fe de sus páginas, carecería de valor alguno. Lo que hace diferente a la Biblia de cualquier otro libro es sencillamente la fe. Si ella se hubiese abstenido de mencionar la fe de los hombres de Dios, sus vidas hubieran pasado desapercibidas, hubiesen carecido de la trascendencia que hoy tienen, porque lo que las hizo diferentes a la de los demás fue precisamente la fe. 

Si borrásemos la fe de Moisés, no hubieran existido los juicios de las plagas sobre Egipto, el Mar Rojo no se hubiese separado en dos para que quedara camino seco e Israel lo cruzara, no habría llovido maná del cielo, no hubiera brotado agua de una roca. Hubiera sido imposible que un pueblo subsistiera cuarenta años en el desierto si no hubiese sido por la fe. 

Sin la fe, Josué no hubiera logrado detener el sol cuando le habló, viendo el día más largo de la historia, lo cual le ayudó a exterminar a los enemigos de Israel. Ello fue viable gracias a la fe.  

Todo en la Biblia está fundamentado en la fe. Y si la fe es la base de las Escrituras, cada uno debe preocuparse por conocer su esencia y debe esforzarse para que la fe se desarrolle dentro de nosotros, pues esto nos llevará a ser excelentes consolidadores.