28 DE SEPTIEMBRE · CORONA DE HONRA

“Salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura” (Juan 19:5). El adversario quería ridiculizar al Señor, pero nunca imaginó que lo que estaba haciendo se le vendría en su contra. Para comprender esta verdad es importante primero saber qué fue lo que aconteció con la primera pareja.

Dios había bendecido a la primera pareja de una manera muy especial después de crearlos. “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:28). Dios trató a la primera pareja como lo que ellos eran, es decir, Sus hijos. Sabemos que Él es el Rey de gloria y los hijos de un rey son príncipes. Dios, el Señor de todo el universo, confió a estos nuevos príncipes, la autoridad y el dominio sobre toda la tierra; por lo cual ellos tenían una corona real sobre sus cabezas y dentro de ellos llevaban el aliento de Dios o el espíritu que Él les había dado para que pudieran señorear.

Eran verdadero linaje real. Debemos entender que los primeros actos de un gobernante, determinan el comportamiento de su gestión de gobierno. Así como sucedió con dos de los sucesores de David: Marcaron su rumbo Salomón y Roboam. Ambos procedían del mismo linaje, ambos entraron al reinado bajo la misma bendición, pero sus primeras decisiones determinaron el destino de sus reinados.

Lo primero que hizo Salomón fue buscar la dirección divina, se apoyó en el Dios de su padre y Él lo bendijo; su primer acto público fue el juicio que determinó sobre dos mujeres y sorprendió al pueblo por su sabiduría, trayendo confianza a todo el pueblo. Durante su reinado predominó la paz sobre todo el pueblo. Por otro lado, Roboam, hijo de Salomón, dejó a un lado el consejo de los sabios que habían acompañado a su padre y se volvió al consejo de jóvenes inexpertos.

En su primer acto público, en su discurso inaugural, amenazó al pueblo de afligirles, subyugarles y les advirtió que los años que les esperaban no serían nada fáciles para ninguno. Como resultado, la nación se dividió; diez de las tribus de Israel le dieron la espalda y escogieron a otro hombre como rey, y él quedó tan solo con dos tribus que se mantuvieron fieles a David. El primer acto de Adán y Eva estuvo marcado por la desobediencia; ellos cerraron sus oídos al mandato divino de no comer el fruto del árbol prohibido y se dejaron deslumbrar por un extraño delirio de grandeza. En consecuencia, fueron expulsados del paraíso, perdieron todos sus privilegios y tanto ellos como sus descendientes enfrentaron largos años de aflicción, miseria, dolor y muerte.

Ciertamente no existen mejores manos donde el ser humano pueda estar que las del Señor Jesús. En esta hora, eleve una oración sencilla y sincera a Él para entregar todo lo que usted es y todo lo que tiene en Sus manos con la seguridad de Su protección. Reciba hoy su corona de honra.