AGOSTO 21 · CORONA DE BENDICIÓN

Toda la maldición por el pecado de Adán recayó en la tierra y quedó representada en espinos y cardos: “…maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:17-19). 

Cuatro mil años después, los verdugos quisieron burlarse de Jesús y decidieron ponerle una corona de espinas, para coronarlo como el rey de maldición. Pero cuando las espinas penetraron Sus sienes, algo impresionante sucedió; la Sangre de Jesús comenzó a brotar de Su cabeza, hasta que una gota cayó a la tierra, en ese momento la maldición de la tierra fue quebrantada para siempre, ya que la preciosa Sangre de Jesús jamás se contaminó con pecado. 

Por causa de Su Sangre, Jesús recuperó el derecho legítimo de coronarse con la corona de gloria. El Hijo de Dios recuperó todo lo que Adán perdió y fue por eso que pudo declarar, “Consumado es”. 

Pablo dijo: “Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante” (1 Corintios 15:45). El apóstol no hace mención del espíritu de Adán. ¿Por qué? Porque su espíritu murió por causa del pecado, recuerde las palabras del Señor: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16b-17). Lamentablemente, la vida de Adán quedó reducida a su alma, que es donde prima el intelecto, las emociones y la voluntad; O sea: el “yo pienso”, “yo siento” y “yo quiero”. Sin embargo, la Palabra dice que Jesús es: “…el postrer Adán, espíritu vivificante”. ¿Por qué Jesús se convirtió en espíritu vivificante? 

Porque Jesús voluntariamente se ofreció para ser inmolado por nuestra redención. Cuando el Padre celestial vio la Sangre de Su propio hijo que nunca se contaminó con pecado, tocando la tierra, ese acto removió la maldición de Adán y la cambió en bendición. 

Entonces los seres angelicales proclamaron: “…El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. (Ap. 5:12,13)