26 DE NOVIEMBRE · CONOCIENDO AL ESPÍRITU SANTO

El Espíritu Santo es el único que conoce lo más íntimo de Dios; es el único puente que une lo humano con lo divino, lo eterno con lo temporal; es el único que puede ayudarnos a que la gloria de Dios sea derramada en esta tierra. Luego que Jesús ascendió al cielo, envió al Espíritu Santo para que tomara su lugar. Jesús sólo podía dejar como encargado de la iglesia a alguien en quien confiara plenamente, y la única persona que tenía todos los requisitos necesarios para hacerlo era el Espíritu Santo. Por eso, el Señor dijo que cuando Él viniera, sería un padre para nosotros: «No os dejaré huérfanos» (Juan 14:18).

El Espíritu Santo es extremadamente sensible, muy susceptible. Cuando Juan bautizó a Jesús en el río Jordán, tuvo una visión del Espíritu, y lo vio en forma corporal, como de paloma. Las palomas son una de las aves más sensibles, que se pueden asustar fácilmente a causa de cualquier ruido o movimiento brusco, por lo cual se espantan y se van. Jesús tuvo que llevar una vida de integridad para que el carácter del Espíritu posara sobre Él. Del mismo modo, el Espíritu Santo está buscando personas con corazones íntegros para poder posar su carácter en ellos. Mantener la intimidad con el Espíritu Santo implica velar a diario por esa amistad y comunión, donde no permitimos en nuestro corazón ninguna actitud que le desagrade a Él.

El Salmista dijo: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno”. (Salmos 139:23-24) Continuamente debemos decirle a Dios: «Examina mi vida, tal vez estoy haciendo lo que a mí me parece correcto, pero para Ti no lo es. Espíritu Santo, yo quiero que Tú me guíes y dirijas en todo». Muchas veces, para nosotros es más fácil amoldarnos a una situación y sentirnos satisfechos con lo que ya hemos logrado, pero si mantenemos una relación íntima con el Espíritu de Dios, Él no permitirá que nos estanquemos o conformemos con lo que ya hemos recibido, pues Él mismo produce una motivación interna para que continuemos avanzando con ese espíritu de conquista.

Cuando nuestros sueños son unidos a los de Él, cuando nuestra visión es la que recibimos de Él y nuestras metas son las mismas metas de Dios, entonces podemos decir que hemos entrado a tener una dependencia total de Él. Y en cada paso que demos, en cada pensamiento que aceptemos en nuestra mente, y en cada palabra que expresemos con nuestros labios, todo lo estaremos haciendo para su gloria. Que hoy pueda rendir su vida por completo al Espíritu Santo, que cada paso que desde hoy de, sea en obediencia a Su voluntad.