12 DE NOVIEMBRE · CONOCIENDO AL DIOS DEL CIELO

Cuando usted piensa en el cielo ¿cómo lo imagina? Frecuentemente, para expresar que algo es muy hermoso, se dice: “¡Eso es el cielo!”. Uno compara el cielo con un lugar donde no hay escasez, no hay tristeza, no hay temor, no hay opresión, no hay enfermedad donde todo es felicidad. Sabemos que el infierno es lo opuesto al cielo, y se representa con la aflicción, la amargura, la desconfianza, la infidelidad, los celos, los odios, los rencores, la escasez, la miseria. El infierno siempre simboliza lo más tétrico y desolado por eso debemos saber que este no es el destino que Dios para Sus hijos, Su deseo para nosotros es bendición. El Dios de la Biblia es un Dios vivo y real que le ayuda en sus problemas, sufre sus necesidades y cambia vidas por completo.

Abraham fue llamado por Dios cuando él tenía setenta y cinco años, junto a su esposa Sara libraron muchas luchas internas. El mayor milagro que ambos deseaban era que Dios les concediera un hijo, lo cual era imposible pues Sara era estéril, pero Dios les dio una promesa y ellos la creyeron y esto transformó las circunstancias por completo: Conocieron a Dios como el Dios de lo imposible. Para Él no existe la palabra imposible, por eso Jesús dijo: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23).

Abraham y Sara decidieron dejar de mirar el problema y entraron en intimidad con el Dios del cielo, el Dios de lo imposible; desde ese momento Abraham no miró las circunstancias y comenzó a confesar que tendría un hijo, hablándoles a todos que sería padre de multitudes.

Las circunstancias decían que la mujer era anciana y estéril, y muchos pensaron que Abraham estaba delirando, pero él nunca se dejó influenciar porque conoció al Dios del cielo a través de Su promesa. La Palabra lo llevó a una relación íntima con Él y Abraham no se desvió de esa Palabra ni a la derecha ni a la izquierda.

Posiblemente, la gente más cercana le decía “Abraham, abre los ojos a la realidad, ¿Cómo esperan tener hijos si eres viejo y tu mujer también?” Pero él sólo veía el milagro, porque Dios se lo había declarado. Abraham por medio de la fe veía su descendencia y la llamaba a la existencia, llamaba las cosas que no eran como si fuesen porque estaba conociendo al Dios de lo imposible y sabía que ninguna palabra que proviene de Él, carece de poder y que todo lo que Dios dice se cumple.

Aprendió a caminar en la Palabra que Dios le había dado, la mantenía viva en su mente y esto lo estimulaba a que todas las noches, mirara las estrellas y agradeciera a Dios por los hijos que le daría, porque Él le había dicho que serían como las estrellas del cielo. Nunca miró las circunstancias, ni escuchó la voz de la duda.