3 DE ENERO · CONOCIENDO A DIOS COMO NUESTRO PADRE

Los campos se secaron y se quemaron por la falta de lluvia, y las cosechas se marchitaban de sed.
La gente estaba ansiosa e irritable, mientras buscaba en el cielo alguna señal de alivio. Los días se
volvieron áridas semanas. La lluvia no llegaba.
Los ministros de las iglesias locales convocaron a una hora de oración en la plaza del pueblo, para
el siguiente sábado inspirarse.
Este sábado al mediodía, la gente del pueblo respondió en masa, llenando la plaza con caras
ansiosas y corazones llenos de esperanza. Los ministros se conmovieron al ver multitud llevando
en sus piadosas manos: la Biblia.
Cuando la hora terminó, como si se tratara de un mandato mágico, una suave lluvia comenzó a
caer. Las felicitaciones se extendieron entre la multitud, mientras levantaban sus manos con
gratitud y alabanza.
En el centro de la manifestación, un símbolo de fe pareció ensombrecer a los demás: un niño de
nueve años había llevado una sombrilla. Hebreos 11:1 “Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se
espera, la convicción de lo que no se ve.”