AGOSTO 7 · CONFORMANDO EL MEJOR EQUIPO

No hay nada comparado al trabajo en equipo, especialmente dentro de la iglesia. Este facilita el crecimiento, haciendo que sea continuo y sólido, a la vez que permite la diversidad de funciones en un mismo cuerpo, todas dirigidas al logro de un objetivo común. “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como Él quiere. Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (1 Corintios 12:11,12). Pablo orienta a su discípulo Timoteo en la manera como él se debería enfocar de una manera eficaz, para obtener una gran reproducción. Lo que Timoteo había escuchado de su líder “esto es el apóstol Pablo”, lo debería trasmitir a aquellos que durante sus ministraciones, hubiesen permanecido fieles y se hubiesen preparado idóneamente esto que él les estaba hablando los debería empoderar, para que ministraran también a otros.

La visión que Dios nos ha dado como iglesia rompe el esquema tradicional de liderazgo centrado en una sola persona, brindando de esta manera la oportunidad a todo aquel que anhele ser moldeado por el Espíritu de Dios y con el adecuado entrenamiento que haya recibido, podrá reproducirse en otros.

El Señor Jesucristo nos dio el mejor ejemplo de trabajo en equipo al conformar un equipo de doce apóstoles. Hombres a quienes preparó derramando Su carácter en ellos, a fin de que fueran Sus colaboradores durante Su ministerio en la tierra. Si Él, siendo el Hijo de Dios, le brindó tanta importancia al trabajo en equipo, ¿por qué no habríamos de hacerlo nosotros?.

El trabajar en equipo es beneficioso desde cualquier punto de vista, pues al hacerlo, notaremos que:

  • El esfuerzo es compartido.
  • Se garantiza la continuidad del ministerio.
  • El trabajo no se detiene.
  • La motivación persevera, pues unos a otros se animan.
  • La multiplicación es más rápida.
  • Se valoran los dones y los talentos de cada persona.

 

Es importante entender que Dios lo ha llamado a servirle, pero no solo,

sino unido a ese equipo que Él está preparando para impactar no

únicamente su ciudad sino también su nación. Recordemos las

palabras del salmista: “Jehová cumplirá su propósito en mí;

Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos” (Salmos 138:8).