28 DE NOVIEMBRE · CONFIANZA PLENA EN EL PADRE

Al enfrentar las pruebas que la vida trae, uno anhela sentir protección. Aunque David, como rey había logrado construir grandes fortalezas, no obstante, se sentía desprotegido ante las fuerzas espirituales de maldad que operan en los aires. Necesitaba una fortaleza espiritual que lo mantuviera alejado de cualquier ataque. David sabía que él era como una roca de protección para muchos, más la autoridad que estaba por encima de su persona, era la del mismo Dios, por eso declaró: “Llévame a la roca que es más alta que yo”. Le ruega a Dios que Él sea una torre fuerte para él, donde pudiera estar fuera del alcance del enemigo.

El salmista también declaró: “… Apresúrate a mí, oh Dios. Ayuda mía y mi libertador eres tú; Oh Jehová, no te detengas” (Salmos 70:5). Estas palabras no brotaron de los labios de un fanático religioso, sino de alguien que a pesar de las circunstancias decidió confiar todo su destino en manos de Dios. Algunos confían en la bolsa de valores, que es casi como depender de la suerte, puede salir bien, o puede salir mal; otros confían en lo que su contactos o relaciones pueden darles; también están aquellos que confían en sus estudios, logros y éxitos. Pero sólo aquellos que confían plenamente en Dios pueden alcanzar un destino seguro.

A través de todos los tiempos, los siervos de Dios han tenido que pasar por diferentes clases de dificultades. Sabemos que en la sociedad moderna las obligaciones financieras no dan espera, más aquellos que aprenden a depositar su esperanza en Dios ven a diario Su mano prodigiosa operando toda clase de milagros. David aprendió a confiar en Él desde una temprana edad, esto lo mantuvo humilde y obediente, mientras que sus hermanos mayores se sentían orgullosos porque habían sido llamados a ser integrantes del ejército del rey Saúl. Aunque David tuvo que asumir el cuidado de unas pocas ovejas que tenía su padre, jamás se sintió incomodo, sino que aprovechó el tiempo libre para adorar a Dios y esto lo llevó a cultivar una relación estrecha con Él.

“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre…” (Deuteronomio 29:29). “Señor, ¿restaurarás el reino de Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:6-8).