21 DE NOVIEMBRE · CONFESANDO SU PALABRA EN TODO TIEMPO

Una de las maneras como el adversario logra captar nuestra atención es a través de nuestras propias circunstancias. Él nos insta a que busquemos una solución lógica; o nos convence de que con nuestras propias fuerzas y recursos intentemos salir adelante. Y cuando no lo logramos, se desata un conflicto interno que nos lleva a cuestionarnos lo que debimos o no debimos haber hecho.

Con este enfoque, toda la atención se centra en el problema y no en la solución. Cada día que pasa, la salida está mucho más lejos porque ella sólo se obtiene a través de la fe. Y la fe ya ha quedado muy atrás dado que los únicos cuadros que se han logrado pintar en la mente son los negativos, los que han cerrado todas las puertas a la esperanza. Esa era la situación en la que se encontraba la mujer que sufría del flujo de sangre (Marcos 5). Se había centrado tanto en su problema que no sentía que hubiese ni tan sólo una pequeña luz de esperanza. Pero después que escuchó acerca de Jesús, vino toda una renovación mental en aquella mujer, y comenzó a pintar un cuadro de sanidad para su vida. En un instante, la luz de la esperanza brilló nuevamente y empezó a contemplar detenidamente su sanidad.

Como hijos de Dios, gozamos del privilegio de caminar por el sendero de la fe. Pero es fundamental dejar de ver el problema y fijar toda nuestra atención en lo que Dios nos enseña a través de su Palabra. Pues, si logramos captar las imágenes de Dios, podremos pintar hermosos cuadros por medio de nuestra imaginación y nuestros pensamientos. Todo aquello que logremos ver nítidamente con los ojos de la fe, pronto se convertirá en una gran realidad en nuestras vidas. Aquella mujer decía: “Si tan sólo tocare el borde de su manto, seré sana”.

El apóstol Pablo dijo: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10). Es fundamental enseñarles a nuestros discípulos que, una vez que ellos han logrado pintar en sus mentes de una manera clara las metas que podrán alcanzar en fe, deben hablar de ellas con tanta seguridad como si ya las hubieran obtenido. Cuando escribimos y declaramos nuestras metas, nos ponemos inmediatamente en evidencia, una motivación interna se produce dentro nuestro pues sentimos que tenemos que alcanzar el mismo nivel de la confesión que hemos realizado.

Una de las costumbres de Thomas A. Edison era llamar a los periodistas. Los convocaba a una rueda de prensa y hablaba acerca de algún nuevo invento que había hecho. Lo declaraba con tanta claridad y seguridad que despertaba gran curiosidad e interés en la gente. Luego, corría a su laboratorio para llevarlo a cabo. Él sabía la importancia de poner en evidencia un proyecto y luego trabajar arduamente por las metas confesadas. Crea y declare hoy en voz alta cada una de las promesas que Dios le ha dado.