8 DE AGOSTO · COMPLETA VICTORIA

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7). Este pasaje nos enseña dos importantes aspectos para vencer al enemigo: el sometimiento a Dios y el resistir al adversario. Lo uno depende de lo otro. Si usted no se somete a Dios, no podrá resistir al adversario. Debe entender que el someterse a Dios no es algo que uno hace una vez a la semana, sino que debe mirar su corazón a través del espejo de Su Palabra y Sus enseñanzas cada día.

Si podemos doblegar el corazón a los mandatos divinos, Dios pondrá a nuestra disposición Su ejército angelical. El libro de Los Hechos de los Apóstoles registra la experiencia de una familia. Un hombre llamado Esceva judío, jefe de los sacerdotes, tenía siete hijos, estos hombres eran exorcistas ambulantes. Un exorcista es alguien que expulsa demonios mediante palabras mágicas. Aquellos practicantes del exorcismo usaban palabras o frases y hacían ciertos ritos para ahuyentar a los demonios. Estos siete eran muy conocidos en la región por sus ritos a la gente; mas cuando escucharon que, por usar el Nombre de Jesús, los demonios salían del cuerpo, pensaron que ese nombre era como una de las palabras mágicas que ellos usaban. Primero observaron lo que hacía Pablo y cómo expulsaba los demonios siempre en el Nombre de Jesús, así que creyeron que ese nombre era la palabra mágica.

Fue un gran aliciente porque veían que los demonios, con sólo escuchar el Nombre de Jesús, se iban de los cuerpos sin resistir. Cuando estuvieron cerca de un hombre endemoniado pronunciaron ese nombre. Pero el demonio se fue contra ellos, les quitó la ropa, los golpeó, los maltrató y los siete hombres regresaron heridos y derrotados a su casa. Jesús no es una palabra mágica. Si no hay sometimiento, no hay autoridad sobre los demonios. “…os conjuro por Jesús, el que predica Pablo” (Hechos 19:13). Estos hombres se llevaron el mayor susto de sus vidas al sufrir la reacción violenta de los demonios. “Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos” (Hechos 19:15-16).

Quienes viven en sometimiento pleno a Dios, tienen la autoridad para enfrentar fuerzas adversas que operan en las regiones celestes. Pablo echaba fuera los demonios porque, la unción de Jesús respaldaba todo lo que hacía. Cuando el Señor me dio la revelación de la Cruz, comprendí que debía hacer una confesión detallada y específica para recibir verdadera liberación. Día a día pasaba un extenso tiempo en oración, sólo viviendo la revelación de la Cruz.

Al compenetrarme en la oración, a mi mente venían recuerdos y revelaciones de muchas cosas del pasado; algunas estaban en el subconsciente, pero Dios las traía de manera muy clara y podía liberarme de cada una. Podía sentir que la Cruz absorbía todas esas ataduras y las quitaba de mi vida, dándome completa liberación.