11 DE MARZO · CAMBIANDO EL DESTINO DE NUESTRA GENERACIÓN

Indudablemente, Colombia es una nación amada por Dios, porque siempre ha sido guardada y protegida por el Altísimo. Recuerdo que durante muchos años el enemigo quiso dañar la imagen de nuestra nación ante el mundo, y veo que en éstos últimos tiempos, quiere mantener su estrategia malintencionada de cambiar el rumbo que Dios ya trazó para Colombia desde su fundación.

Veo con preocupación que muchos colombianos no se han percatado de la situación que estamos viviendo en estos tiempos, y pueden parecer indiferentes ante el panorama que se nos está presentando. Por eso, creo que nuestra labor como iglesia y como cuerpo de Cristo, es levantarnos con fuerza, declarando que viene la redención para nuestra nación y que Sí Es Posible ver un país transformado por el poder de Dios y por la acción de un pueblo de valientes que se levanta a la conquista.

Desde el inicio de Misión Carismática Internacional, Dios nos prometió juntamente con mi esposo que seríamos una gran nación, que seríamos bendición para los demás y que seríamos de influencia para otros, según la Palabra de Génesis 12:2. Pero vemos que esta valiosa promesa que Dios dio al pastor César hace 35 años atrás, es una palabra profética que cobra vida para la nación de Colombia en este tiempo. Yo creo y declaro con toda certeza que Colombia es una nación grande, que su nombre será cambiado y será un país ejemplar para las naciones de la tierra, y que seremos bendición y un punto de referencia en todos los ámbitos: familiar, social, económico, espiritual y político.

Pero he entendido que este trabajo no lo puedo hacer sola, y que si hay equipo, hay conquista, por lo tanto, unámonos como uno solo a orar y clamar por el futuro de nuestra querida Colombia, porque la intercesión no sólo cambia el destino de un individuo, sino el de toda una nación.

Claudia Rodríguez de Castellanos