8 DE SEPTIEMBRE · CAMBIANDO LA AFLICCIÓN EN BENDICIÓN

“Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?” (Juan 5:5-6). Muchos, al igual que este hombre, atraviesan por circunstancias que los dejan imposibilitados de desarrollarse en algún área y sólo viven la vida en espera de un milagro. Para esta persona, aunque los años pasaban, nada acontecía; pero el día que el Verbo de Dios llegó a él todo cambió.

Qué importante es entender que hoy Jesús tiene el mismo poder; éste se manifiesta por medio de la proclamación de Su palabra y por la declaración de lo que la Su Sangre hizo por nosotros. Muchas personas no alcanzan su milagro porque les falta el conocimiento. “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento”(Oseas 4:6a). ¿Conoce usted hoy que Dios quiere bendecirle? En esta hora el Señor le hace la misma pregunta ¿Quiere usted ser sanado? ¿Quiere ser libre? ¿Anhela ser restaurado? Cualquiera sea su gran necesidad, el ofrecimiento de Jesús sigue siendo Él mismo. “Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo” (Juan 5:8-9a). Todos debemos enfrentar situaciones adversas, una de las grandes batallas en mis primeros años de matrimonio fue en el área financiera.

Aunque me esforzaba por proveer para que en mi casa no faltara nada, sentía como si hubiese sobre mí un techo que no me permitía avanzar. Si bien amaba a Dios, estudiaba Su palabra y reclamaba Sus promesas mi situación financiera no cambiaba. Después de un día de arduo trabajo, llegue a mi casa devastado, sentía que los cielos estaban completamente cerrados, ese día quería contender con Dios; salude a mi esposa y me fui a mi cuarto de oración buscando una respuesta de Dios, cuando empecé la oración el mismo señor me da una palabra profética a través de mi propia boca, cosa nunca antes me había pasado, y me decía: “Porque de cierto te bendeciré de tal manera que tu mismo quedaras asombrado y me dirás basta.” yo mismo quede impactado por esa palabra.

Luego el Señor me hizo ver el porque de mi situación financiera. aquel mismo día le pedí perdón al Señor y cuando me levante de mis rodillas, sentía que en verdad Dios ya tenia todo bajo control. Salí rápidamente de mi cuarto de oración para buscar a mi esposa y le dije: “Mi amor, ¡somos prósperos!”. Ella sorprendida respondió: “¿Cómo que somos prósperos?”. Le compartí lo que Dios me había hablado y ella creyó firmemente. Al pasar veinticuatro horas la atmósfera financiera de nuestro hogar había cambiado completamente.

Pude entender que cuando las puertas están cerradas, por lo general es porque hay algún argumento en contra, pero que una ves se identifica y se remueve el argumento, todo cambia de una manera inmediata y sobrenatural. Recordemos que si Dios cuida de las aves, también lo hará con nosotros que valemos mucho mas que ellas.