9 DE ENERO · BUSCANDO A DIOS

Buscando a Dios

Para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros

(Hechos: 17:27a).

Pablo, quien se encontraba en la ciudad de Atenas, estaba sorprendido al ver la ceguera espiritual de las personas; esto los había llevado a la idolatría, ellos tenían tantos dioses que hasta habían edificado un altar para dedicarlo al Dios no conocido. Pablo les dijo: Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas” (Hechos 17:23,24). El Apóstol hablaba con tanta seguridad de ese Dios que no está al alcance de la vista humana, pero que se revela a aquellos que lo buscan de todo corazón. Aunque el mismo Pablo antes de su conversión se encontraba persiguiendo y torturando a los cristianos, por causa de la fe de ellos en Jesús, mas Dios en Su infinita misericordia le plació revelarse a su vida y esto lo cambio de una manera radical y definitiva.

Como resultado de ese encuentro, Pablo experimentó:

    • Seguridad de su salvación. “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1:15)

 

  • Una imagen correcta de sí mismo. “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo” (Filipenses 3:7).
  • Liberación de maldiciones. “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).
  • Recobró la visión. El profeta Ananías lo visitó y oró por él: “Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado” (Hechos 9:18).
  • Recibió la llenura del Espíritu Santo. “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Efesios 1:13,14).

 

Oración

Declaración

“Jesús me salvó, me sanó, me liberó, me dio visión y me llenó de Su Espíritu de amor”.