6 DE JUNIO · BENEFICIOS DE ENCONTRAR A DIOS

La mejor manera de conocer el corazón de Dios es a través de Su Palabra pues, mientras estudiamos las Escrituras, el Espíritu Santo trae revelación a nuestra vida, se encarga de abrir nuestro entendimiento. De este modo podemos saber qué es lo que Dios quiere que hagamos; a esto se refirió el proverbista cuando dijo: “Bienaventurado el hombre que me escucha, Velando a mis puertas cada día, Aguardando a los postes de mis puertas. Porque el que me halle, hallará la vida, Y alcanzará el favor de Jehová”. (Proverbios 8:34-35).

Si las personas comprendieran que lo único que nos lleva a una vida de prosperidad es el contacto con la Palabra de Dios. El proverbista añadió: “Las riquezas y la honra están conmigo; riquezas duraderas, y justicia” (Proverbios 8:18). Las riquezas no se logran con fuerza, ni habilidad, ni con el poder de influencia que tengamos. Las riquezas que provienen de Dios, son permanentes; pues no sólo nos benefician a nosotros sino también a nuestros descendientes por varias generaciones. “Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; y mi rédito mejor que la plata escogida” (Proverbios 8:19). El Señor enseña aquí que el fruto que proviene de su Palabra tiene más valor que el oro refinado y que la cosecha que obtenemos por creer en ella es superior a la plata escogida.

“Por vereda de justicia guiaré, por en medio de sendas de juicio, para hacer que los que me aman tengan su heredad, y que yo llene sus tesoros” (Proverbios 8:20-21). Como podemos observar, Dios quiere bendecir en todas las áreas; somos nosotros quienes resistimos esta forma de bendición, esto tal vez se deba a que estamos acostumbrados a hacer todo con nuestras fuerzas.

El mundo de Dios es predominantemente invisible, porque esa es su naturaleza. Nosotros pertenecemos al plano natural, pero las riquezas de Dios están en el plano espiritual y, para hacerlas nuestras, debemos entrar en el mundo de Dios y además es necesario que hablemos Su lenguaje. Sólo a través de Jesús tenemos entrada a ese reino espiritual, y la fe abrirá nuestros ojos para ver las bendiciones que Dios ha reservado para nosotros. Pero el poder de la Palabra hablada se encarga de traer lo espiritual al plano natural. Esto es llamar las cosas que no son como si fuesen.

El siguiente Salmista dijo: “Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita. Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre” (Salmos 112:1-3). El temor a Dios nos hace bienaventurados, nos permite deleitarnos en su palabra, y bendice sobrenaturalmente a nuestra descendencia con bienes y riquezas; sin que sus corazones se aparten de la justicia.