13 DE MAYO · BENDICIÓN EN LUGAR DE MALDICIÓN

El pecado de Adán y Eva abrió la puerta para que la maldición entrara a toda la raza humana. Dios declaró la maldición sobre la tierra al decirle a Adán: “… Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo” (Génesis 3:17-18). Podemos ver que la maldición quedó representada en los espinos y los cardos. En la época de Moisés el Señor dio otro decreto: “Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad” (Deuteronomio 21:22-23).

Si alguien era condenado a morir crucificado, era porque se le había comprobado algún crimen que lo hacía culpable de semejante castigo. Pilatos cuando interrogó a Jesús, dijo: “Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él” (Juan 19:4). El mismo Pilato les había presentado a los líderes religiosos de Israel la opción para liberar a Jesús de una muerte injusta diciéndoles: “¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón” (Juan 18:39-40).

Dios permitió todo esto para que el culpable fuese perdonado y el inocente fuera castigado. Barrabás era el representante de la raza humana que estaba esperando su sentencia para recibir su castigo, pero apareció alguien a quien Barrabás posiblemente no conocía, Jesucristo, para tomar ese lugar y ser castigado por todos. Jesús fue castigado a pesar de que todo el pueblo sabía que era inocente, recordemos que los judíos se argumentaron en contra del Señor porque Él decía que Dios era Su padre y Él solamente cumplía Su voluntad. No fue casualidad que el título de su causa colocado en forma de letrero en la cabeza de la Cruz señalara “Rey de los Judíos”.

Jesús aceptó cargar sobre Su cuerpo toda la culpa y toda la maldición y se dispuso a recibir el castigo que todos nosotros merecíamos. “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4-5).