31 DE DICIEMBRE · ATRÉVASE A SOÑAR

Luego de pastorear iglesias pequeñas, permanecía en mi corazón el deseo ardiente de alcanzar a los perdidos. Una noche de las vacaciones de 1983, estando en la costa atlántica colombiana junto a mi familia, me mecía a la orilla del mar, cuando sentí la presencia de Dios como nunca antes lo había experimentado; ese día Su voz penetró hasta lo profundo de mí y me dijo: “¡Yo soy el Anciano de Días, prepara tu corazón en la adoración porque te voy a usar!”. Luego escuché que me dijo: “¡Voy a mover tu silla!”. Me quedé quieto esperando que lo hiciera, pero no sucedió, así que yo mismo comencé a mecerme hasta que escuché nuevamente su voz diciéndome: “¡Yo puedo mecer tu silla directamente, pero prefiero hacerlo a través de ti. Puedo hablarles a las almas directamente, pero prefiero hacerlo a través de ti. Te he puesto como pastor! Sueña, sueña con una iglesia muy grande porque los sueños son el lenguaje de mi espíritu. Porque la iglesia que tú pastorearás será tan numerosa como las estrellas del cielo y como la arena del mar, que de multitud no se podrá contar”.

A partir de esa experiencia aprendí la importancia de “atreverse a soñar”, así que esa misma noche, cuando el Señor me preguntó ¿qué iglesia te gustaría pastorear?, tomé sus propias palabras, me quedé mirando la arena del mar y el milagro sucedió: vi cómo cada partícula de polvo se convertía en una persona. El Señor volvió a preguntarme: “¿Qué ves?”. Y le respondí: “¡Veo cientos de miles de personas!, y me dijo: “¡Eso y más te daré si haces mi perfecta voluntad!”. Al mes siguiente, en marzo de 1983, iniciamos en la sala de nuestra casa la Misión Carismática Internacional con tan sólo ocho personas. Entré en un tiempo de ayuno y oración sometiendo mi voluntad a la de Dios y disponiéndome para hacer sus planes y no los míos. En estas circunstancias, escuché del Altísimo la pregunta que comenzaría a definir y a aclararlo todo: “¿Qué quieres? Y ¿en cuánto tiempo lo quieres?”.

Esto se convirtió en el complemento de lo que es un sueño. Luego de un día de oración específica al respecto, vino a mi mente el número 200 y pensé que el tiempo prudente para alcanzar esa cantidad de personas serían 6 meses. Ese número lo comencé a escribir por todas partes, la meta estaba definida: 200 personas para el mes de septiembre de 1983. Toda la iglesia comenzó a contagiarse de ese sueño y a luchar por esa primera etapa de la visión, tanto, que en sólo tres meses el objetivo ya se había logrado. Estamos a la puerta de un nuevo año, año en el que Dios quiere devolvernos una Visión 2020 para cumplir Su propósito en esta tierra; atrévase a soñar, permita que el Espíritu Santo le revele Sus sueños para este nuevo año ¡aférrese a Él y a su Palabra y contemple las maravillas que Dios hará!