MARZO 12 · ANHELANDO SU PALABRA

¿Ha tenido usted la oportunidad de escuchar el llanto de un bebé cuando tiene hambre? Es un clamor que nace de lo más profundo del ser. Los bebés aún no han aprendido a comunicarse con palabras, pero su llanto es suficiente para que los padres corran a calmar su hambre con alimento. 

Romanos 8:26 dice: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”. Muchas veces, como los bebés, no sabemos cómo expresarle nuestro hambre a Dios; hambre por Su presencia, por Su poder, por la revelación de Su Palabra. Allí es cuando el dulce Espíritu Santo se acerca para comenzar a interceder por nosotros. Así como el papá conoce el llanto de su hijo, el Padre Celestial conoce nuestro clamor. 

Dios fue quien despertó el hambre por Su palabra en el pueblo de Israel, pues solo lo que sale de la boca del Señor tiene el poder para restaurar, sanar, traer provisión y dar vida. l salmista declaro: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.  Bendito tú, oh Jehová; enséñame tus estatutos” (Salmos 119: 11 y 12).  

 

En Amós 9:11 el Señor promete ¨Cuando llegue ese día, haré que los descendientes de David, vuelvan a reinar sobre Israel. Volverán a ser fuertes como antes¨ (TLA). Crea que hoy el Padre Celestial sacia su hambre con Su Palabra, que hoy las promesas de Dios le devuelven las fuerzas y que por orden Suya hoy vuelva a reinar como hijo de Dios.