19 DE AGOSTO · AMOR RESTAURADOR

Cuando Dios nos creó, nos hizo seres integrales: Espíritu, alma y cuerpo. En el alma está la mente, las emociones y la voluntad. Y la estrategia del adversario es ejercer control sobre el alma de las personas.

Dios a cada individuo le dio su estima propia, la cual es su tesoro. Lo que más procura alcanzar el enemigo, es tocar la estima propia, y en gran manera lo hace, a través de aquellos que más dicen que te aman. La estima propia es como el refugio, la fortaleza que tiene cada persona. Quitarle la estima propia a alguien es como sacarlo de la casa en época de invierno y dejarlo a la merced de las circunstancias.

Muchos se casaron llenos de ilusiones y con el paso de los días, las semanas ò los meses, abrieron los ojos ante otra realidad y encontraron que simplemente estaban siguiendo la misma historia de su propia familia.

La parábola del buen samaritano habla de la persona que cayó en manos de ladrones. El ladrón para lograr su propósito usa mentiras, es engañoso, tramposo, astuto y sagaz. Posiblemente los ladrones le pintaron un cuadro fantástico, él les creyó, y cuando estaban a solas se fueron contra él, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Así se encuentran muchas personas, heridas y medio muertas, espiritualmente están en cuidados intensivos. Estas personas se sienten tan frágiles que si le soplan duro se pueden desbaratar, porque fueron golpeados y encima se siguen culpando internamente.

El Señor continuó diciendo en su parábola que pasó un sacerdote. Algunas personas pensaron que la religión les ayudaría con sus problemas, pero la religión no pudo hacer nada por ellos. Luego pasó un levita. Ese es el caso de personas que piensan que la ayuda viene si siguen ciertos ritos y ciertas tradiciones. Ò quizás el estudio, la educación, el mejorar el modo de vida, el cambiar de país, pero nada de esto cambia la situación interna, porque el problema no es externo, sino interno. “Porque así ha dicho Jehová: Incurable es tu quebrantamiento, y dolorosa tu llaga. No hay quien juzgue tu causa para sanarte; no hay para ti medicamentos eficaces”. “He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.” (Jeremías 33:6).

“Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él”.

El buen samaritano tomó dos elementos para auxiliar al herido: vino y aceite. El vino se usaba como antiséptico para desinfectar la herida y es un prototipo de la sangre de Jesús y el aceite, que es para refrescar la herida y es un prototipo del Espíritu Santo.