MARZO 23 · AMOR QUE CAMBIA VIDAS

Note que Pablo anima a Timoteo a testificar sin avergonzarse, él debía comunicar fielmente lo que Jesús había hecho en su vida. Al mismo tiempo debía tomar como ejemplo lo que Pablo, como su líder, había experimentado por causa de su fe en Jesús. El Apóstol Pablo había pasado por muchas adversidades, mas éstas fueron abriendo la brecha para que las generaciones venideras no tuvieran que librar las mismas batallas. Pablo previene a su discípulo para que en el momento en que se encuentre frente a la adversidad, no sienta vergüenza de testificar.  “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16)

Timoteo comprendía muy bien que ser llamado al ministerio era algo que Dios había predeterminado desde antes de la fundación del mundo; el Señor ya sabía a quiénes tenía que llamar para hacer fielmente la obra del ministerio. Cuando Jeremías intentó argumentar con Dios de que aún era muy niño para ejercer el ministerio, el Señor le tuvo que decir: “No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande” (Jeremías 1:7). Al profeta Isaías, el Señor le preguntó: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” (Isaías 6:8). 

Dios precisaba de alguien que, con el mismo entusiasmo de Dios, lo representara sinceramente en este mundo. Sin pensarlo dos veces, el profeta le respondió: “Heme aquí, envíame a mí” (Isaías 6:8). También Jesús llamó a sus discípulos y los envió a dar continuidad a la obra que Él había comenzado. Pablo motivó a Timoteo a aceptar el gran privilegio de servir a Dios en su obra.