14 DE AGOSTO · AMOR POR LA PALABRA

La Biblia es la Palabra infalible de Dios, no podemos aceptar ningún otro libro que pretenda serlo. Cuando nos apropiamos de ella como alimento permanente y permitimos que more en abundancia en nosotros, la confesión cambia y, a medida que la estudiemos, los velos en nuestra mente irán desapareciendo, la verdad se irá aclarando y las cadenas que nos ataban se desintegrarán. Por esto Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres“ (Juan 8:32). Uno de los beneficios que otorga el conocimiento de Su Palabra es la transformación de aquellas expresiones de derrota, queja y fracaso que teníamos por confesiones de fe y victoria.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17). La intención de Pablo al usar el término “útil” es llamar la atención en cuanto a las ventajas y beneficios de la Palabra de Dios. De inmediato, hace un listado de aspectos a través de los que se concreta ese beneficio.

Pablo era un conocedor de la ley dada por Dios a Moisés, pero sólo después de su conversión, sus sentidos fueron abiertos a la revelación de la Palabra de Dios; por tal motivo, tenía una mente aguda para entender si algún escrito provenía o no de Dios, y concluyó diciendo que tanto el contenido del Antiguo como del Nuevo Testamento eran de inspiración divina.

El Apóstol Pedro escribió: “Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21). Cada escritor sagrado era consciente de que lo que escribía era por inspiración divina. Pablo dijo: “…también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual” (1 Corintios 2:13). El libro de Jeremías dice: “Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: “Así habló Jehová Dios de Israel, diciendo: Escríbete en un libro todas las palabras que te he hablado” (Jeremías 30:1-2).

Debemos entender que la fe no es intelectual sino espiritual, por lo tanto se recibe en el espíritu. Sólo cuando abrimos el corazón con la pureza de un niño, la Palabra de Dios (que es Espíritu y vida) puede penetrar en lo más íntimo de nuestro ser. No pretendamos conquistar con la mente algo que pertenece al espíritu. El escritor a los corintios dijo: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).