28 DE MAYO · AMOR INMENSURABLE

¿Quién podrá entender la mente del Creador? Su amor por el ser humano, que es Su obra de arte, supera aun la grandeza de la imaginación del hombre. Siendo el dador de vida, decidió ofrendar Su vida para poder rescatarnos. Tal como lo expresó el mismo Señor Jesús cuando dijo: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11).

El Señor Jesús logró ser fiel a Su misión y se mantuvo firme hasta el último momento de Su vida, tal como lo afirma a través del salmista: “He sido derramado como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte” (Salmos 22:14-15). ¡Esto es la mayor expresión de amor! Su corazón se derramó como cera, tanto así que ni la furia del infierno pudo apagar esa llama ardiente del amor Divino en el momento en que la lanza del soldado traspasó Su corazón, tratando de apagar cualquier aliento de vida que hubiese en Jesús. Finalmente, esta lanza contribuyó a que se sellara la más grandiosa obra de amor, que sólo pudo haber sido llevada a cabo por alguien que tuviese la naturaleza de Dios, pero también la naturaleza de hombre, y que demostró que el amor todo lo da, hasta la última gota de sangre.

Jesús no fue cualquier ser, Él es el mensaje de Dios para este tiempo final; el brillo de Jesús es el mismo resplandor de aquella gloria Divina, que ni siquiera los serafines se sienten dignos de contemplar y, por tal motivo, tienen que cubrir sus rostros con sus propias alas; gloria que cuando las palabras salieron de Sus labios, hicieron que los corazones de Sus discípulos ardieran en fuego para que de esta manera pudieron comprender las Escrituras. Gloria que se convirtió en la luz que tiene un resplandor más fuerte y más claro que el sol, gloria que levanta el ánimo caído, que es vista para el ciego, oídos para el sordo, pies para el cojo y libertad para aquellos que se sienten prisioneros.

Jesús es la verdadera imagen del Padre celestial. Nunca existió alguien que pueda constituirse en la genuina imagen de aquel Dios que no vemos, pero que es el Creador de todo lo que existe. Su palabra es tan potente que es la fuerza de gravedad de todas las constelaciones, por Su palabra todo lo creado está en su lugar, y por tal razón, cumplen Su propósito. Este ser tan extraordinario fue el que se encargó de purificar a través de Su sangre nuestros corazones de toda la contaminación del pecado, y después de haber cumplido con éxito Su misión, fue exaltado al lugar más encumbrado en los cielos, donde se estableció Su trono por encima de cualquier ángel.