MARZO 3 · AMOR INCOMPARABLE

Creo que no hay cuadro más degradante que ver al Autor de la vida sufriendo por delitos que otros habían cometido. “Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres” (Isaías 52:14). “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:3). “Más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).
“Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí” (Isaías 1:2). Al igual que un padre compasivo, Dios buscó la manera de salvarnos. Encontró que la única vía de redención era por medio de Su Hijo Jesucristo. Dios tenía que tomar una decisión; o destruía a toda la humanidad en la condenación eterna, o castigaba a la humanidad en la persona de Su Hijo unigénito.
Sabemos que Jesús aceptó tomar nuestro lugar e ir al suplicio de la crucifixión. Ya de antemano, el Padre sabía por todas las adversidades que tendría que pasar Su Hijo amado, y Él mismo lo profetizó: “Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite” (Isaías 1:6). Aquellas heridas del cuerpo llagado de Jesús se convirtieron en nuestra medicina. “He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad”. Jr. 33:6.