26 DE SEPTIEMBRE · AGRADANDO AL PADRE

“Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti” (Juan 17:1) Jesús sabía que la hora establecida por el Padre para la obra de la redención había llegado, por eso lo dijo. Se había preparado durante toda Su vida para ese momento, sabía que necesitaba la fuerza de Dios y la bendición del Padre para hacer frente a toda la adversidad que se le acercaba. Era la hora del cumplimiento de las profecías. El adversario le magullaría el talón, sabemos que lo hizo con uno de los clavos que atravesaron Sus pies; pero al mismo tiempo, la cabeza de la serpiente fue aplastada (Génesis 3:15).

Un día Dios le pide a Abraham que entregue a Isaac (Génesis 22:1-18), al llegar al monte su propio hijo le preguntó dónde estaba el sacrificio. Abraham en ese momento debe haber orado a Dios con todas sus fuerzas, y Él le dio la respuesta: “Jehová Jireh”, esto es, “Dios proveerá”. Después de atar a su hijo y levantar el cuchillo para clavarlo en el muchacho, el ángel le habla y le dice que no lo haga. Abraham había pasado la prueba.

En ese momento, Dios le había dicho que todo lo vivido Él lo permitió porque quería enseñarle algo. En ese diálogo maravilloso, Dios le manifestó a Abraham que Él comprendía cuánto amaba a su único hijo; pues Él también tenía un solo Hijo que se llamaba Jesús y que así como Isaac había muerto en su corazón durante los tres días que juntos caminaban hacia el monte pero luego resucitó, Su Hijo Jesús literalmente estaría muerto por tres días y tres noches, pero al tercer día resucitaría; que en este lugar donde Abraham iba a sacrificar a su hijo se levantaría una cruz y el Hijo Dios, a quien Él amaba sería crucificado en ella.

En ese momento Abraham habrá visto la cruz y el cuerpo herido de Jesús, desde la cabeza a la planta del pie llagado por completo y le habrá dicho al Padre:

– ¿Qué significa esto? – “Mi hijo se hará maldición para destruir la maldición que ha atacado a la humanidad y todo aquel que haya sido tocado por la maldición sólo con mirar mi Hijo Jesús será libre.

– Padre, pero tu Hijo está completamente desnudo.

– Sí, porque mi Hijo siendo rico se hizo pobre, murió sin nada para enriquecer a muchos con su total pobreza, ahí está la provisión a toda necesidad económica que el hombre tenga.

– Padre, pero Su cuerpo está llagado, ¿qué significa?

– Significa que Él llevó las enfermedades de muchos y que todo aquel que mire a Jesús, por esas llagas quedará curado porque Él proveyó en la cruz sanidad para todo enfermo y doliente.”

Sin lugar a dudas, la hora ha llegado del cumplimiento pleno de la grandiosa victoria de la Cruz del Calvario en su vida. Si usted se atreve a creerlo, podrá ser radicalmente transformado por el poder que fluye de ella.