JUNIO 18 · ADORANDO A UN DIOS SANTO

La naturaleza de Dios es santa, o sea, apartada completamente de la maldad. La santidad de Dios jamás podrá tener comunión alguna con la maldad de este mundo. Todo lo que Dios creó fue con el propósito de que le glorificaran solamente a Él. Esta adoración es tan importante para Dios que no la comparte ni con el más ungido de Sus siervos; Satanás, viendo el esplendor de la majestad divina y la gloria que producía la alabanza dirigida solamente a Dios, permitió que en su corazón naciera la envidia y vino la maldad cuando quiso tomar el lugar de Dios en la adoración; por este motivo fue arrojado del cielo con todos los ángeles que él engañó. Desde entonces anhela adoración a cualquier precio. Tuvo el descaro de ofrecer a Jesús todos los reinos de la tierra, diciéndole: “…A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos” (Lucas 4:6-7). Jesús le dijo: “…Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mateo 4:10). Aunque Satanás pretendía adoración, el Señor le recordó que Dios no comparte su gloria con nadie.

La naturaleza de Dios es santa y no existe nadie que iguale Su santidad. Elifaz, uno de los amigos de Job, dijo: “He aquí, en sus santos no confía, y ni aun los cielos son limpios delante de sus ojos; ¿cuánto menos el hombre abominable y vil, que bebe la iniquidad como agua?” (Job 15:15-16).

El profeta Isaías cuando vio la gloria de Dios que el vio a los

serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. esto trajo tanta convicción de pecado, que el mismo entendido que había contaminación en su vida, por causa de la atmosfera en la que el vivía y dijo: “¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Y cuando el carbón encendido  tocó tus labios, le fue quitada su culpa, y fue limpio su pecado.