SEPTIEMBRE 21 · ACOGIDOS POR SU AMOR

La fe en Jesús nos lleva a tener una experiencia personal con Él y a conocer el poder de la Cruz, la obra redentora es perfecta y la fe en Jesús nos permite recibir también la cura para el amargo rechazo.  Veamos por qué Jesús nos hizo libres del rechazo:

Él fue rechazado Jesús es el único ser que nos puede comprender en todas las circunstancias de nuestra vida, incluso en el rechazo. “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).

Jesús soportó el rechazo de sus apóstoles, uno de ellos le traicionó y lo vendió, otro lo negó y los demás huyeron, el pueblo que en otro tiempo lo proclamó como el Gran Rey de Israel, luego pidió que lo crucificaran, las autoridades políticas y religiosas de su época lo condenaron a la crucifixión.  Incluso uno de los ladrones que estaba a su lado le injurió diciendo: “Sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros” (Lucas 23:39).

Sin embargo, el golpe más duro lo recibió Jesús cuando sintió que el Padre le abandonaba y por eso exclamó: “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado” (Mateo 27:46). En ese momento, Él estaba cargando el pecado y el rechazo de toda la humanidad y Dios no puede ver el pecado, por esta razón le abandonó para que nosotros de ahí en adelante pudiésemos ser aceptados por Dios. En Isaías 54:7 dice:  “Por un breve momento te abandoné, pero con mucha compasión te recogeré” 

Él nos perdonó

“Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (2 Corintios 5:19). Nada nos hace sentir más rechazados y distantes que el pecado, de esta forma el perdón viene a ser una poderosa medicina que quita el muro de separación que había entre nosotros y Dios. 

Dios nos acepta en Cristo “…con la cual nos hizo aceptos en el Amado» (Efesios 1:6).

Al Dios haber castigado a Jesús ya no tiene necesidad de castigarnos a nosotros. Él nos ve como Sus hijos y los beneficios y las bendiciones de Cristo las trasladó a cada uno de nosotros. Dios nos acepta solamente en Jesús.