24 DE MARZO · ACEPTOS EN EL AMADO

Cuentan que un joven fue a buscar al viejo maestro del pueblo para pedirle un consejo.
-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro sin mirarlo, le dijo:

-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver un problema. El anciano le dijo: -Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver mi problema y después tal vez te pueda ayudar.

-Encantado, respondió.
El maestro. Se quitó un anillo y dándoselo al muchacho, agregó: -Toma el caballo que esta allá afuera ve al mercado. Vende este anillo para poder pagar una deuda. Es necesario venderlo por la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. El joven tomó el anillo, y empezó a ofrecer el anillo. Estos lo miraban con interés hasta que el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara. Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. Cuando llegó hasta el anciano le dijo: Lo siento, no pude conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

Qué importante lo que dijiste, – contestó sonriente el maestro- Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con el anillo.

El joven fue donde el joyero examinó el anillo a la luz con su lupa, lo pesó y luego le dijo: “Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ahora mismo no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo. -¡¡58 monedas!! Exclamó el joven. – Sí, replicó el joyero- yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo -Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Recuerda que sólo el experto sabe el verdadero valor de una joya valiosa y única; sólo Dios sabe tu verdadero valor.