25 DE MAYO · ACEPTANDO EL LLAMADO

Uno de los más grandes líderes del cristianismo fue el apóstol Pablo, quien después de su conversión, puso todo su esfuerzo en dar a conocer a ese Jesús que antes él perseguía, pero que luego de su encuentro personal con el Señor, todo dentro de él cambio. Después de su conversión, su mente se abrió y el velo que había en su entendimiento, se corrió y pudo comprender verdades que solo pueden ser re veladas por la inspiración del Espíritu Santo.

Pablo se esforzó por llevar este mensaje no solo a reyes y líderes políticos, sino que su meta era impactar el imperio Romano y cuando los judíos lo quisieron enjuiciar por predicar el evangelio, él apeló al César, convirtiéndose en el primer cristiano que llevó el evangelio a las altas esferas del gobierno de Roma.

Mientras ejercía su liderazgo Pablo fue moldeado por el Señor, enseñó grandes verdades bíblicas que estaban veladas para los líderes religiosos de su época. La motivación que Pablo había recibido del Espíritu Santo, se convirtió en la fuente de inspiración para motivar a otros.

Las pruebas que el apóstol encontró en el camino, le ayudaron a alimentar esa fuerza interior que lo impulsó a grandes conquistas.

Cuando un periodista le preguntó a Abraham Lincoln, después de haber pasado por nueve elecciones parlamentarias sin obtener buenos resultados: “¿No está cansado de fracasar?”, a lo que él respondió: “No he fracasado, es que aún no he obtenido los resultados deseados”. Para los visionarios, los pequeños fracasos se convierten en peldaños que los irán acercando a su éxito anhelado.

Quienes nos dejamos dirigir por el Espíritu de Dios, podemos alcanzar aquello que a las otras personas nunca les pasaría por la mente. En su carta a los corintios Pablo escribió: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.” (1 Corintios 2:9,10).

Aunque Pablo tenía una gran visión, y metas muy específicas, al mismo tiempo era muy consiente de la situación en la que él se encontraba; tal como se lo expresó a los Filipenses: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:13,14).

Apreciado amigo la buena noticia es que usted puede convertirse en el Pablo de esta época.