ENERO 12 · ACEPTANDO EL LLAMADO

Moisés fue uno de los líderes más grandes de la historia. Dios tenía un propósito definido para desarrollar a través de él, que era la liberación de Su pueblo. Esto implicaba un arduo y profundo trabajo en su carácter para que él pudiese cumplir su misión, diciéndole: “Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto” (Éxodo 3:7a). Buscó evadir esa responsabilidad presentando su propio argumento: “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?” (Éxodo 3:11). Ante el llamado de Dios, la duda es nuestra primera reacción. 

El desierto había logrado quebrantar al antiguo Moisés, había desaparecido ya todo el orgullo que traía luego de vivir en el palacio del Faraón. Ya no era más un autosuficiente, sino un hombre quebrantado, sencillo y humilde que se sentía incapaz de hacer cosas por sí solo. Dios tuvo que decirle: “Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: Cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte” (Éxodo 3:12). Lo mismo nos dice el Señor hoy: “Independientemente de lo que piensas de ti mismo, Yo estoy contigo. No hablarás de ti sino acerca de Mí”. Usted necesita Su presencia y Él necesita una vida quebrantada en Su altar. Si se rinde a Él, Dios podrá usarlo y usted será un canal de bendición para miles.