5 DE MARZO · A IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS

Dios nos predestinó y nos creó de formas, colores, peso, pensamientos predeterminados. Y si Él nos hizo a Su imagen y semejanza, hay perfección y gloria en nuestra imperfección. Tal vez sea tiempo de dejar de ver todo lo que no somos, y entender que nunca hemos dejado de ser transportadores de la imagen divina, por más empañada que esté. Esa gloria que hay en nosotros, esa gracia, esa chispa de eternidad, no puede ser contenida, y por eso cuando tratamos de ser algo que no somos para adecuarnos a una relación, a un ámbito, o a un trabajo, tendremos como resultado una intensa frustración, y el sello de “no dar”.

Sin importar los años que tengas, ni los miles de rechazos, si te ves diferente, quiero que sepas que no hay nada de malo en serlo. Ten el valor de no ser una copia sino auténticamente tú mismo, la perfecta creación de Dios hecha a Su imagen y semejanza.

Y si no sabes quién eres (porque para valorarte tienes que saberlo) ama a Dios, y a los demás según la orden diaria de Marcos 12 y en algún recodo del camino del amor (porque el amor encuentra su propio camino) te encontrarás. Y en vez de buscar dar el perfil, busca la belleza escondida en todo, porque la esperanza es belleza, como me dijo tan sabiamente un amigo ayer. Es solo cuestión de ver la belleza en vez de ver la imperfección. El tema es ver el potencial en vez del límite.

El único perfil que debes aceptar es la medida de Cristo. Y Él jamás te limitará. Crece a Él, expande tus límites, despliega las bellas alas de tu corazón y vuela. La senda del justo es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. Proverbios 4.18