Cuando Jesús se apartó para ayunar antes de empezar Su ministerio, el adversario lo reconoció y apeló a su astucia para intentar hacerlo caer en la trampa y de esta manera neutralizarlo en el propósito de redimir a la humanidad. Jesús se mantuvo muy unido a la palabra dada por Dios, como lo expresó el escritor de Hebreos al decir: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos” (Hebreos 4:12a).

Cada palabra que Jesús decía en respuesta a la tentación del adversario, cada “Escrito está”, era como una estocada certera que le propinaba, a tal punto que le dejó por algún tiempo. Luego el adversario usó la vida de Judas para traicionar a Jesús; de un momento a otro, se encontró siendo juzgado por delitos que no había cometido y siendo sentenciado a la pena de muerte, como un criminal peligroso.

El adversario se reía pensando que había logrado quitar de en medio a Jesús, quien se había convertido en su peor pesadilla. Al poner la corona de espinas sobre la cabeza de Jesús, cuando la sangre empezó a rodar por las mejillas y luego las gotas caen tocando la tierra, el milagro ocurrió. La maldición de la tierra había sido revertida.

Fue como si el Padre hubiera dicho a Jesús: “Porque esto hiciste y derramaste Tu Sangre, pura santa y sin contaminación, bendita será la tierra por Tu causa”. Por el pecado de un hombre vino la maldición, también por la justicia de un hombre llamado Jesús vino la bendición. La Sangre que Jesús derramó, revirtió la maldición y así se abrió un camino nuevo para aquellos que rinden su vida a Dios por medio de la fe en Jesucristo.

Luego, con Su muerte y Su resurrección, le quitó toda la autoridad que tenía el adversario y se restauró el sueño de Dios para con la humanidad.

declaracion9m

verso9m

temasoracion6sept

9 MARZO · SUDOR COMO GOTAS DE SANGRE

|

845 comentarios