Un tiempo antes de comenzar la Misión Carismática Internacional, había renunciado a la última iglesia donde era el pastor. La había recibido con treinta personas y en un año habíamos crecido a ciento veinte miembros, que era la capacidad del lugar. El entusiasmo por el crecimiento se fue esfumando de manera rápida, pues en cuestión de unas pocas semanas los miembros habían bajado a setenta. Lo que me dio tristeza fue el ver que los que se estaban yendo de la iglesia eran los que se proyectaban como líderes.

Fui a visitar a algunos y me estrellé contra una muralla de indiferencia. Uno de ellos era un joven, muy capaz y carismático, quien me dijo con un tono de autosuficiencia: “Algún día de estos te visitaré”. Al escucharlo, me sentí frustrado y pensé que había perdido el tiempo en esa congregación, pues ellos no valoraron mi trabajo. Aquel día me fui a casa bastante pensativo y vino la idea de renunciar a aquella iglesia para esperar la dirección divina.

Cuando pasé la carta de renuncia no la aceptaron y dijeron que tendría que haber una votación con quien me ayudaba como pastor asistente, esto significaba que debería continuar pastoreando. En mi oración dije a Dios: “Señor, yo cumplí, no quiero seguir pastoreando aquí, por favor haz un milagro”. El día programado para las elecciones, nos presentamos los dos candidatos.

Pensé “Pero si este hombre con el que estoy compitiendo ni se sabe expresar, habla enredado, creo que nadie votará por él”. Cuando nos entregaron los resultados, este joven había ganado. Para mis adentros no me gustó y dije: “Señor, es verdad que quería salir de este lugar, pero no así”.

Luego comprendí que Dios lo había permitido para que me fuera de aquel lugar y estuviera disponible para el nuevo desafío que Él me daría en los siguientes meses. Cuatro meses después, Dios me dio un mensaje de cuarenta y cinco minutos que cambió el curso de mi vida, me ubicó en el ministerio y me reveló cuál era Su propósito para mí. Al mes de esa palabra, nació la iglesia en la sala de nuestra casa con tan solo ocho personas.

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9 JUNIO · VENCIENDO EL DESÁNIMO

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