El libro de Éxodo, en la mayor parte de su contenido, nos habla acerca de un hombre llamado Moisés. Aunque nació en un hogar de padres israelitas, por causa de las leyes de aquel momento, fue criado por la hija del faraón. Pero su nodriza fue su madre genética. Su educación fue bajo las leyes de los egipcios, estaba preparado para regir los destinos de la nación de Egipto, pero él quiso establecer una justicia basada en la lógica, y por esta causa pagó un precio muy alto pues tuvo que huir de aquella tierra que había sido su hogar por cuarenta años.

Fue a morar en el desierto de Madián donde pasó otros cuarenta años, durante los cuales Dios trabajo en su vida, sanando las grietas que había en su carácter. Allí tuvo que soportar no sólo las inclemencias del tiempo sino que pasó por toda clase de adversidades que le ayudaron a morir a sí mismo.

Después de esos cuarenta años Moisés era una persona completamente transformada, pues permitió que Dios moldeara su vida. Por eso se escribe de él: “Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra”. Después de esto Dios le confía la misión de enfrentarse Faraón, para que dejara ir al pueblo a servirle por tres días en el desierto, a lo que Faraón se rehusó y por esta causa vinieron los juicios de las diez plagas sobre toda la nación de Egipto.

Luego que Dios lo transformó pudo soportar una de las cargas más pesadas, llevar a cientos de miles de judíos a través del desierto.

Uno de los salmos más poderosos que hay en la Biblia es el Salmo 91, éste fue escrito por Moisés, y en los primeros versos él dice: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. El te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya” (Salmos 91:1·6).

Moisés entendía muy bien lo que estaba diciendo, ya que en el desierto el calor es insoportable y los peligros, rondan a diario. Mas al haber hecho de Dios su cobertura, no había nada que él pudiese temer.

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9 JULIO · ¿QUIÉN CONTROLA MI CARÁCTER?

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