Cuando mi esposa quedó embarazada de nuestra tercera hija, sentimos la necesidad de tener una casa propia. Habíamos visto una muy amplia; aunque no contábamos con las finanzas necesarias fuimos a conocerla y junto dijimos: “Esta es la casa que necesitamos”. Comenzamos a orar para que Dios nos diera los recursos. Mientras seguíamos pidiéndole al Señor, todos los días en mi mente recorría cada uno de los lugares de la casa, orando cuarto por cuarto y reclamándola para nosotros en el Nombre de Jesús.

Aunque en el frente tenía un gran letrero de venta, los días pasaban y no se vendía. Una tarde recibí una llamada telefónica, era la dueña y me dijo: “Señor Castellanos, quiero venderle la casa”. Le respondí: “Gracias, pero no cuento con el dinero necesario”. Ella agregó: “No necesito el dinero, lo que sí quiero es que la casa quede en buenas manos y usted me inspira confianza; solo dígame en qué términos podría usted pagarla”. Luego nos reunimos y cerramos la negociación. En menos de quince días nos estábamos mudando a nuestra nueva vivienda.

Dios es el Señor de todo. En Él está la abundancia, y Él siempre es generoso con cada uno de Sus hijos. Su bondad es ilimitada, Sus favores son ilimitados, y usted puede comenzar a disfrutar de todas las bendiciones que Él ha reservado para cada uno de nosotros. No piense que sus sueños se terminaron, usted es quien los debe construir. Dios está de su lado y Él lo llevará a conquistar cada anhelo de su corazón.

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9 AGOSTO · DISFRUTAR DE LAS BENDICIONES

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