Todos tendremos que partir de este mundo un día; mas entre la tierra y nuestro destino eterno hay un espacio, que puede ser lo que David llamó como el valle de la sombra de muerte. Se supone, que por donde tenemos que atravesar es donde el adversario tiene sus dominios, si no gozamos de una muy buena escolta es muy difícil que salgamos bien librados. Cada vez que uno de los hijos de Dios muere, Dios tiene asignadas escoltas angelicales para que los trasladen hasta la morada eterna.

Cuando llegó el momento en que Jesús tenía que partir de este mundo, Él no quiso confiar Su Espíritu al cuidado de los ángeles, sino que encomendó Su Espíritu al cuidado del Padre.

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9 ABRIL · FORTALECIDOS AL PERDER UN SER QUERIDO

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