8 DE MAYO · TENIENDO UNA CONCIENCIA TRASPARENTE

Hay personas que, aunque tienen todo lo que cualquiera anhelaría, no lo disfrutan, porque hay algo que les mortifica internamente, que noche y día les habla a la mente y les hace sentir miserables. Esto fue lo que pasó en un hogar coreano.

Se trataba de una pareja que asistía a la iglesia del Dr. Cho. Aunque eran personas prósperas y aparentemente lo tenían todo, había un manto de tristeza que no los dejaba ser felices. El problema de la mujer era un espíritu de culpabilidad que la perseguía por haber llevado una relación clandestina con su cuñado. Por causa de esto ella se sentía la persona más miserable de este mundo. El Dr. Cho en el tiempo de consejería le guió a hacer un ejercicio muy sencillo, le dijo: “Cierra los ojos, obsérvate a ti misma frente a un lago. Yo estoy a tu lado y tomo una piedra pequeña y la arrojo al lago. Luego tú tomas una piedra bien grande y también la arrojas al lago. Ambas caerán en las profundidades.

La única diferencia entre las dos piedras es el ruido que hacen al caer, porque ambas irán al mismo sitio. Así acontece con nuestros pecados. Aunque los míos fueran más pequeños que los tuyos, debemos despojarnos de ellos y arrojarlos para que caigan a lo profundo del lago. Después de entender lo que debía hacer con su culpabilidad, hizo una oración y sintió que todo dentro de su vida todo cambió. Cuando su marido la observó, quedó maravillado porque hacía mucho tiempo que no la veía sonreír.

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