8 DE ABRIL · PODER DESDE LO ALTO

Pienso en esto cuando veo andar un tren de vapor: Esos “caballos de acero” son como criaturas vivas, que respiran un vapor y tiene un fuego en sus entrañas. La tarea del fogonero es atizar el fuego y conseguir una carga de vapor. Cuando la presión del vapor sube, el conductor puede hacer una de dos cosas. Puede tirar de la palanca del silbato, o accionar la que dirige la presión sobre los pistones. El silbato hace salir el vapor hasta que no queda nada, haciéndose oír por kilómetros a la redonda. Sin embargo, si la presión es dirigida a los pistones, el vapor hará girar la ruedas con mucho menos ruido, sin atraer la atención; el tren comienza a andar, llevando la carga a través del país. Gracias a Dios por el silbato del tren. Es importante. Pero si lo único que logra el vapor es hacer sonar el silbato, entonces no valdrá la pena hacer fuego debajo de la caldera y atizarlo.

El fuego del Espíritu Santo trae poder. Dejemos de lado el ruido y usemos el poder para ponernos en acción. La caída del relámpago justifica el trueno que lo precedió. El propósito del Pentecostés es hacer que la rueda de cada iglesia comience a girar, a fin de llevar la Palabra de Dios a toda la tierra. Jesús dijo: “Id por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura”.

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